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Publicado: 2 de Noviembre de 2018
Hoy en día, todos sabemos que el día 31 de octubre se celebra la víspera del día de todos los santos, mundialmente conocido como “La noche de Halloween”, una festividad que, en su origen, fue una tradición religiosa del pueblo celta que con el paso de los años se ha convertido en una celebración del miedo y del terror, llena de disfraces, juegos infantiles y fiestas.
Como ya hemos dicho, Halloween fue creado por la cultura celta y se conocía como Samhain, que significa “fin del verano”. Se celebraba cada fin de cosecha al terminar el verano y así daban comienzo al “año nuevo celta”. Los antiguos celtas creían que en la noche del 31 de octubre, las almas de los muertos regresaban al mundo y, para no ser atacados por ellos, la gente se disfrazaba con máscaras y ropas terroríficas. Además, los celtas ofrecían gominolas a estas almas de los muertos para agradecerles que no desatasen su furia contra los vivos. De esta forma comenzó la tradición que ha llegado hasta nuestros días.
Ahora bien, ¿por qué la calabaza es el símbolo más característico de esta festividad?
La talla de este fruto tiene su origen en las leyendas y tradiciones de los pueblos celtas de Escocia e Irlanda.
Según cuenta la leyenda, hace muchos años el diablo fue a buscar a un granjero irlandés muy avaricioso llamado Jack , precisamente en la noche del 31 de octubre.
El diablo pretendía llevarse su alma pero el granjero consiguió engañarlo y capturarlo. Para conseguir su libertar, el diablo prometió que “jamás lo volvería a buscar”. Varios años más tarde, cuando Jack murió, fue rechazado en el cielo y al llegar al infierno el diablo tampoco quiso recibirlo, condenándolo a deambular por los oscuros caminos del purgatorio.
Jack le pidió un último favor al diablo, una luz que alumbrara su camino. El diablo le entregó un trozo de carbón encendido, el cual fue colocado dentro de uno de los nabos que el granjero llevaba en su bolso.
Desde entonces se hizo popular la historia de “Jack of the Lantern” (Jack el del farol)
Con la llegada de los irlandeses a Estados Unidos, ésta celebración cobró una gran importancia convirtiéndose en tradición para los estadounidenses. Al no haber una plantación de nabos pero sí un exceso de calabazas, éstos decidieron cambiarla. Desde entonces, se tallan con rostros terroríficos y se colocan en las ventanas de las casas para, según las creencias de la tradición, ahuyentar al diablo.